Natalia Mendoza ha escrito un libro que hacía falta. Es un estudio de las transformaciones económicas, políticas y culturales en lo que era un pequeño pueblo de rancheros y se ha convertido en uno de los puntos de mayor concentración de tráfico de drogas y migración ilegal. Pero es también mucho más que eso. En su cuidadosa, brillante, descripción de la vida en el desierto se perfila otra manera de pensar el complicado fenómeno de la frontera entre México y Estados Unidos y el conjunto de procesos que, por abreviar, llamamos globalización. Aparecen en el relato el narcotráfico, la migración, la
crisis agrícola, la organización de los mercados informales, el comercio fronterizo, también la nueva y cambiante estructura social, y las nuevas formas de autoridad tal como se experimentan en la vida cotidiana, formando una sola trama: un mundo concreto.
La escritura ágil y matizada de la autora consigue no ocultar las voces de todos los demás personajes del relato: policías, maestras, esposas de narcotraficantes, rancheros, políticos, polleros y más. El resultado es deslumbrante. No es sólo un cambio de escala, sino de sensibilidad.
Fernando Escalante Gonzalbo
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